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El COVID cambió las organizaciones sin ánimo de lucro en East Boston. Las necesidades que salieron a la luz durante ese tiempo, siguen existiendo hoy.

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Esta historia es la segunda de una serie de tres partes que busca rendir homenaje a los miembros de la comunidad de East Boston que perdieron la vida durante la pandemia y reflexionar sobre lo que la pandemia nos dice acerca de la actualidad. El Proyecto Memorial del COVID-19 ha sido posible gracias al apoyo del Consejo Cultural de Mass.

Volunteers set up  for food distribution at East Boston Haborside Community school during the COVID-19 pandemic.
Los voluntarios preparan la distribución de alimentos en la escuela East Boston Harborside Community School durante la pandemia del COVID-19. (fotos cortesía de Leah Gregory)

Leah Gregory era maestra de inglés y trabajaba con adultos no nativos en la escuela East Boston Harborside Community School cuando la pandemia del COVID-19 comenzó, interrumpiendo abruptamente la rutina diaria de las personas. A medida que se imponían los confinamientos en todo el mundo, Gregory se convirtió en un apoyo para sus alumnos enfermos o con demasiado miedo para salir de casa. Ella en coche recorría las calles, inquietantemente silenciosas, a altas horas de la noche junto a su compañera Blanca Paci, repartiendo comidas y tarjetas regalo.

A medida que el virus se propagaba rápidamente, también lo hacía el hambre, ella dijo, recordando a los estudiantes que habían dejado de salir incluso al supermercado por miedo a contagiarse del virus y a tener que hacer frente a unos gastos médicos elevados.

“En aquella época fallecieron algunos alumnos y fue muy duro,” dijo Gregory. “Recuerdo especialmente a una familia donde el padre no quería ir al centro de salud por miedo a su situación migratoria y porque no sabía cómo iba a pagar el seguro médico.” 

Según los miembros del personal con quienes hablamos en siete organizaciones comunitarias sin ánimo de lucro de East Boston, el virus se propagó más rápido de lo que las organizaciones pudieron responder. En cuestión de días, organizaciones dedicadas a la educación, la justicia medioambiental y el trabajo con jóvenes se convirtieron de repente en distribuidoras de alimentos, guarderías y sistemas de apoyo emocional.

Gloria Devine, directora de participación en Centros Sociales de East Boston, recordó lo profunda que era la ansiedad en la comunidad de los centros durante los días principales de la pandemia.

“Al principio, fue miedo, miedo a lo desconocido,” dijo Devine. “No sabía cómo iban a sobrevivir las familias si no estuviéramos aquí,” ella añadió, refiriéndose a que todos los niños de preescolar y en edad escolar recibían comidas gratuitas en los Centros Sociales. “Cerramos un día, pero al siguiente ya estábamos pensando en cómo íbamos a reabrir.”

Justin Pasquariello, director ejecutivo de los Centros Sociales, dijo que también había incertidumbre sobre si los organizadores comunitarios podrían seguir funcionando y pagando a su personal en caso de que la pandemia les obligará a cerrar de forma indefinida.

“Había tantos aspectos que tener en cuenta a la hora de intentar entender qué estaba pasando, cómo mantenernos a salvo y cómo mantener nuestra solvencia económica, cuando nada estaba garantizado,” dijo Pasquariello.

Los empleados de los centros sociales y otras organizaciones del barrio también temían por su salud y la de sus seres queridos. Michele D’Ambrosio, la directora del centro social y de los programas de educación infantil, dijo que se presentó todos los días y que el riesgo le pareció real, tanto para ella como para las familias. Una preocupación que cada vez pesaba más sobre la gente, ella dijo.

“A medida que avanzaban los acontecimientos, las emociones se convirtieron en nerviosismo, miedo y preocupación,” no solo por la comunidad, sino también por su propia familia, incluida su madre, ya mayor, explicó D’Ambrosio al compartir el dilema al que se enfrentaban ella y otras personas en aquel momento.

Joe Gaeta, director ejecutivo de la YMCA de East Boston, contó que tuvo una “sensación terrible” durante las primeras semanas de la pandemia.

“Daba miedo porque la información se difundió rápidamente y cambiaba tan rápido como se difundió,” dijo Gaeta. “Tuvimos que adaptarnos rápidamente. Pasamos de mantener una distancia de seis pies y lavarnos las manos a que se dijera, ‘Si lo tienes, estás fuera durante 15 días.'”

En julio de 2020, el condado de Suffolk, en Massachusetts — que incluye las ciudades de Boston, Chelsea, Revere y Winthrop — ocupaba el segundo puesto en tasas de infección per cápita a nivel nacional.

Volunteers pack food bags at a local distribution site in East Boston
Los voluntarios preparan bolsas de comida en el centro de distribución local de East Boston.

A medida que se hacían patentes los efectos del COVID-19, se corrió la voz sobre el aumento del hambre en el barrio, especialmente entre los escolares. La YMCA de East Boston se convirtió rápidamente en otro centro de distribución de comidas. Repartían bolsas con desayuno, almuerzo y cena todos los días laborables para garantizar que las familias tuvieran comida suficiente para el fin de semana y, los viernes, entregaban comidas adicionales para cada miembro del hogar.

“Estábamos haciendo servicios de comidas completas fuera del YMCA y repartimos casi un millón de bolsas a la comunidad en 2020,” dijo Gaeta.

El YMCA permaneció abierto para ofrecer cuidado infantil de emergencia y distribución de alimentos durante la pandemia. Para Gaeta, eso significó levantarse a las 4 a.m. y coger un Uber para ir al trabajo con sus documentos de trabajador esencial en la mano.

Al llegar, se podía aceptar inmediatamente el menú del día y empezar a prepararlo para su distribución. A medida que los empleados iban llegando, se les tomaba la temperatura y se les hacía un reconocimiento médico.

Desde las 9 de la mañana hasta el mediodía, con mascarilla y manteniendo una distancia de seis pies entre ellos, el personal repartía comidas a los residentes que hacían cola, también a seis pies de distancia unos de otros. Una vez repartidas las últimas bolsas, comenzaban a preparar las del día siguiente, trabajando a menudo jornadas de catorce horas para satisfacer la abrumadora demanda.

También es necesario prestar atención a las necesidades culturales en East Boston, donde más de la mitad de la población se identifica como latina y hay una comunidad musulmana considerable. Zaida, una trabajadora de proximidad en Mutual Aid Eastie, dijo que la organización dará prioridad al servicio de comidas para personas con diferentes orígenes culturales y creencias religiosas.

“Encontramos una mezquita y un chef musulmán, y estábamos haciendo unas mil comidas al día para dar a la comunidad de la mezquita,” dijo Zaida, que solo dio su nombre de pila para proteger su privacidad.

Con las escuelas cerradas, la atención infantil fue crucial. Esto obligó a las organizaciones sin ánimo de lucro, como los Centros Sociales y la YMCA, a implicarse más en la vida de las familias. Pasquariello explicó cómo la pandemia complicó la enseñanza y cómo se requieren métodos creativos para garantizar la seguridad y la implicación de los estudiantes.

Para muchos docentes, el equilibrio de multitud de protocolos sanitarios y la necesidad de rediseñar las lecciones sobre la distancia social hizo que las partes más simples de enseñar resultaron difíciles.

“Algunos maestros hicieron que la experiencia fuera divertida,” dijo Pasquariello, pero muchos maestros y estudiantes estaban frustrados, añadió, lo que dificultó que todos se sumaran a la iniciativa.

A medida que la pandemia continuaba, las organizaciones sin ánimo de lucro ampliaban sus servicios y aumentaban su colaboración.

Rita Lara, directora ejecutiva de Maverick Landing Community Services,  que ofrece programas juveniles, comidas, clases de inglés como segunda lengua y otros servicios, destaca cómo las organizaciones sin ánimo de lucro del barrio se unieron.

“Somos todos sistemas organizativos, pero de repente hay un gran problema y todos estamos trabajando en eso,” dijo Lara, que recuerda cómo se apoyaban mutuamente y se ofrecían fuerzas en momentos de agotamiento emocional.

“A menudo hacemos cosas en equipos de dos cuando estamos fuera haciendo entregas,” dijo Lara. “Para eso estábamos cuidándonos unos a otros de esa manera básica. Fue un trauma colectivo.”

Volunteers set up for food distribution at East Boston Haborside Community school during the COVID-19 pandemic.
Los voluntarios se preparan para distribuir comida en la
East Boston Harborside Community School.

Muchos de los empleados de organizaciones sin ánimo de lucro entrevistados dijeron que rara vez tenían tiempo para procesar su trabajo y sus sentimientos al respecto.

Kannan Thiruvengadam, director ejecutivo de Eastie Farms, una organización agrícola urbana que trabaja para facilitar el acceso a la comida y la educación, dijo que siente que el trabajo y las necesidades han continuado incluso cuando ha terminado la emergencia sanitaria pública.

“Para mí, siento como si siguiera en ello,” dijo Thriuvengadam sobre la pandemia.  “Supongo que no valoro tanto como debería lo especial que es poder dar un paso al frente, responder a la situación, aprender de ella y seguir manteniendo las operaciones, porque la necesidad sigue ahí. Siempre ha estado ahí,” explicó al hablar de su experiencia con el COVID-19.

Aunque la crisis del coronavirus fue devastadora, surgieron nuevas iniciativas que siguen sirviendo a las comunidades hoy en día. Algunas de estas iniciativas son el camión de comida de YMCA, que hace las veces de despensa; la distribución semanal de bolsas de alimentos en los centros sociales de East Boston, y la incorporación de la formación en competencias digitales a las clases de ESOL en la escuela Harborside de East Boston.

A pesar de que la pandemia ha dejado al descubierto las necesidades más profundas de East Boston, también ha puesto de manifiesto la fuerza de sus organizaciones sin ánimo de lucro y de las personas a las que prestaban servicio.

“Conectando como personas que nos cuidan era una cosa bonita, y eso me demostró de verdad cuánta humanidad hay en las comunidades, una humanidad que puede despertarse en momentos de gran necesidad y dificultad,” dijo Thiruvengadam.

Leer la primera historia de la serie.

Artículo por Melody Marichalar

– Traducción de Sabrina Femino

– Revisión editorial por Valerie Izquierdo