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Neón City: el esplendor de lo imposible

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Hay escritores que construyen mundos y otros que construyen estados mentales. La obra de Emiliano González pertenece claramente a la segunda categoría. Leer “Neon City Blues. La muerte de Vicky M. Doodle” no implica ingresar a una historia en el sentido convencional, sino atravesar una serie de visiones donde la lógica narrativa cede terreno a la imaginación, al símbolo y a la alucinación.

La ciudad que da título a la novela parece existir simultáneamente en el futuro, en el inframundo y en los rincones más oscuros de la conciencia. Es un espacio degradado, poblado por fantasmas, motociclistas espectrales, identidades ambiguas y personajes que parecen surgir de la colisión entre la novela negra, la ciencia ficción y el relato fantástico. En ella, la maldad importa menos que la indiferencia; la decadencia no es una condición excepcional sino el clima moral que gobierna la existencia.

Desde hace décadas, Emiliano González Campos (1955-2021) ocupa un lugar singular dentro de la literatura mexicana. Alejado de las corrientes dominantes del realismo, construyó una obra que dialoga con la tradición fantástica, el surrealismo y ciertas formas de la literatura gótica, sin pertenecer por completo a ninguna de ellas. Neón City confirma esa vocación por los territorios fronterizos. La novela avanza como un sueño febril donde cada imagen parece remitir a otra y donde los acontecimientos importan menos que la atmósfera que producen…

Un escritor experimenta el más increíble placer sexual cuando se entera de que sus obran han sido rechazadas por una joven y atractiva editora. De ahí la narración se despliega  como un juego de espejos. Escritores, manuscritos, editores y personajes terminan habitando distintos niveles de una misma ficción. El libro, que en realidad son dos novelas breves, habla de la escritura, pero también de la naturaleza fantasmal de los libros: textos que se duplican, se transforman y adquieren una vida propia más allá de la voluntad de sus autores. Lo que comienza como una historia termina convirtiéndose en una reflexión sobre la propia literatura y sobre los mecanismos mediante los cuales una ficción invade la realidad.

Entre Ámsterdam, Tijuana y diversos escenarios estadounidenses, González construye una geografía imaginaria poblada por adolescentes ferales, mujeres escándalo y criaturas que parecen escapadas de un sueño calenturiento. Hospitales interminables, paredes manchadas de sangre y corredores ocupados por enfermeras dormidas forman parte de un paisaje deformado por la imaginación, donde el horror convive con el humor negro y la belleza con la podredumbre.

Resulta inevitable advertir ecos de algunas tradiciones europeas del surrealismo y de la literatura fantástica, pero el universo de González posee una personalidad irreductible. Sus ciudades deformadas, sus personajes marginales y su humor oscuro remiten a una sensibilidad profundamente mexicana, heredera de una estirpe de autores que encontraron “en lo extraño” una forma privilegiada de conocimiento.

Más que una novela de ciencia ficción, más que una fantasía oscura o una pieza de metaficción, Neón City es una celebración de la imaginación como fuerza desestabilizadora. Un libro que desafía las categorías genéricas y que reafirma a Emiliano González como una de las voces más originales, excéntricas e inclasificables de las letras mexicanas contemporáneas.

Neon City Blues. La muerte de Vicky M. Doodle, Emiliano González, Alfaguara 2000


Alberto Roblest

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