By hola | Published | No Comments
Liliana Valenzuela nació en la Ciudad de México, y por azares del destino cuando tenía veintitantos años emigró a Estados Unidos y ha sido traductora desde 1993. Por más de 30 años ha traducido más de 30 libros de ficción, poesía y libros para niños y adolescentes. Sus traducciones han sido a menudo del inglés al español para autores como Sandra Cisneros, Julia Alvarez, Denise Chávez, Dagoberto Gilb, Richard Rodríguez, Cristina García, Alex Espinoza y muchos otros.

La mayoría de los autores que Valenzuela ha traducido son latinos, lo que significa que muchos escriben en inglés e incorporan pasajes en español. Valenzuela es consciente de estos textos híbridos y de los retos que implica traducirlos. Las primeras traducciones de Sandra Cisneros que Valenzuela hizo fueron Hairs/Pelitos, un libro bilingüe para niños publicado por Alfred A. Knopf en 1994 y El arroyo de la Llorona, un libro de cuentos en 1996, publicado por Vintage Español, Random House. Después de la publicación de su versión traducida, Valenzuela leyó la traducción de El arroyo de la Llorona hecha en España y vio que era totalmente homogénea––“No había el juego de palabras entre español e inglés y se perdía mucho sentido y también había muchas mistranslations. Parecía que el traductor no tenía ese contexto cultural de Estados Unidos”, dice Valenzuela. Por ejemplo, las palabras “Mason Jars” se tradujeron como implementos de albañil, que no tienen que ver con el concepto. Valenzuela acredita los errores de traducción a la falta de internet y la inaccesibilidad de buscar y explorar más el contexto cultural. Su objetivo al traducir era tener una traducción más fidedigna a la cultura y al texto original. Ella creció leyendo traducciones de España y había algo en los registros lingüísticos con los que no se sentía cien por ciento identificada. Para traducir los textos de Sandra Cisneros, tuvo que investigar a fondo, no solamente el español de Estados Unidos, sino también el español chicano de Chicago de clase trabajadora que hablaban muchos de sus personajes y diferenciarlo de otros tipos de español que se hablan en Texas, California o en la frontera. Otro de los grandes retos de Valenzuela era reflejar el cambio de idiomas o code-switching que utilizaban los personajes, ya que no podía ser idéntico. Si en un texto en inglés la autora usaba una palabra en español, si la dejaba en español al traducir no tenía sentido, ya que no tendría efecto y se convertiría en una palabra normal en español. “En español se tiene que crear el mismo efecto”, dice Valenzuela, “de sorpresa o de extrañeza, de intriga, y decir guau, ¿Qué es esto y cómo lo hizo el autor?”, refiriéndose al code-switching. En los noventa, en la literatura en inglés, esa técnica de mezclar idiomas no era tan popular, entonces, de acuerdo con Valenzuela, era sorprendente cuando se utilizaba. Para llegar a una traducción aproximada o más fidedigna, Valenzuela hizo trabajo de campo o “fieldwork”. Valenzuela narra que Cisneros la invitó a su casa en San Antonio con varios amigos chicanos y ella llegó con muchas preguntas en una libreta amarilla. El brunch se alargó y se convirtió en una velada de traducción en donde ella los interrogaba sobre cómo dirían ciertas palabras. “Muchas veces discutían entre ellos”, dice Valenzuela. “No, se dice así. No, no se dice así”, recuerda la traductora con una sonrisa. Un ejemplo de estas discusiones es la palabra “chingazos” o “agarrar a alguien a chingazos”. “Yo crecí oyendo que la gente decía ‘a chingadazos’ en la Ciudad de México”, dice Valenzuela. Pero uno de ellos decía, “No, aquí es ‘a chingazos’”. Entonces, aunque no era lo más natural para la traductora, en este caso, eligió la palabra que fuera más auténtica en Texas, de donde era el personaje.
Las traducciones de Valenzuela han sido exitosas por la colaboración cercana que ha tenido con los autores. “Sandra [Cisneros] me ayudó mucho, porque colaboramos mucho”, dice Valenzuela. Cisneros leía las traducciones de Valenzuela y revisaba que la voz o el “cómo suena” fuera fiel a la voz de la madre o del personaje que se estuviera traduciendo. Tanto Cisneros como Valenzuela hablaban en persona y por teléfono hasta ponerse de acuerdo en qué frase es la que más se asemejaba al significado original en inglés para darle el sabor auténtico y crear la misma experiencia para el lector en español. “Fue realmente una colaboración”, dice Valenzuela, “juntas, llegamos a mejores soluciones que ninguna de las dos habría podido lograr por su cuenta”. En cambio, las traducciones de Julia Álvarez, según la traductora, fueron un poco más complicadas, ya que se usaba el español dominicano. “También, quería que fuera lo más auténtico posible”, dice Valenzuela. Álvarez emigró a los Estados Unidos a los diez años y después se educó en inglés. Álvarez contrató a un especialista dominicano en antropología de la Universidad de Texas en Austin para trabajar con Valenzuela en su libro Before We Were Free (2002), acerca de la dictadura de Trujillo. El especialista dominicano era de la misma generación que Álvarez y junto con Valenzuela trabajó en una lista de palabras y sus traducciones. Valenzuela y el especialista se reunían para discutir las mejores opciones en español. Por ejemplo, él explicó que usar “mochilas” en español sería incorrecto ya que, en aquella época, se usaban los atados de libros. Con esta colaboración, Valenzuela concluyó que el lenguaje sigue evolucionando y que el aprendizaje de otra cultura y de su historia siempre es continuo.

No obstante, no todos los autores han estado involucrados en la traducción; todas han sido distintas, al igual que la colaboración con el macondista Alex Espinoza, quien tuvo una participación más limitada en el proceso. Otro ejemplo es el libro de Cristina García, A Handbook to Luck (2007). De acuerdo con Valenzuela, aunque García es cubana, la historia no era precisamente cubana, ni era necesario mantener un español cubano. “No era tan importante que los diálogos se oyeran cubanos”, menciona Valenzuela. Los procesos de traducción dependen de la trama de las novelas o las historias que se estén contando. Hay algunas historias que no incluyen personajes chicanos, dominicanos o latinos per se. Cuando estos personajes latinos son incluidos, de acuerdo con Valenzuela, “menos es más” con respecto al code-switching que se agrega. Solo unas pocas palabras, bien seleccionadas, pueden dar el efecto y el sabor que se necesita. Se usa más que nada en los diálogos para definir a los personajes. Algunas preguntas que se hace Valenzuela al traducir son: ¿Cómo se oiría este personaje en español? ¿Quién sería esta persona? ¿Cómo hablarían? A través de esa imaginación, le ayuda a diferenciarlos también entre sí para que no todos suenen iguales. Con respecto a la traducción de poesía, Valenzuela tradujo Women Without Shame (2022) de Sandra Cisneros. A través de los años, Valenzuela ha traducido poemas de Cisneros de “a poquitos” para revistas y publicaciones, así que el proceso de esta colección fue más sencillo. En Women Without Shame, se hizo una selección de poemas de los últimos treinta años y aunque el proceso fue más sencillo ya que Valenzuela podía canalizar la voz de Cisneros, todavía había poemas de los que ellas tenían que platicar para llegar a una traducción más fiel. El poema más retador de Women Without Shamefue el de “Women of a Certain Age” que está inspirado en un poema de Dylan Thomas: “Do Not Go Gentle Into That Good Night”. En este poema, Cisneros parodia la ropa interior de las mujeres de cierta edad y mantiene el mismo ritmo y estructura. “En español, la mayoría de la gente no conoce a Dylan Thomas y no tiene los antecedentes o puntos de referencia”, dice Valenzuela. “La poesía es más difícil porque son múltiples, significados y cada palabra que escoges afecta a todas las demás a su alrededor. Y pueden dar diferentes significados. Pero, además, “¿cómo hacer que la música suene más o menos parecida?” se pregunta Valenzuela. Al principio, Valenzuela hizo una traducción literal de “Women of a Certain Age”, pero todavía no transmitía el efecto del poema. Cuando habló con Cisneros, concluyeron que era mejor olvidarse del poema original y pensar en cómo hablaría si uno estuviera muy enojado y furioso y pensar en las palabras que le saldrían. Con este proceso, Valenzuela no solo fungió de traductora, sino de una poeta creadora. Después de finalizar la traducción de los demás poemas de la colección de Women Without Shame, Valenzuela volvió a intentar traducir el poema con la intención de transmitir la ira. Con esto, la traductora concluyó que cuando tienes un problema, aunque parezca muy complejo, si lo dejas a un lado, el inconsciente seguirá trabajando, “Es como un rompecabezas que tu mente está dándole vueltas y vueltas y vueltas”, dice Valenzuela.
Valenzuela ha ido aprendiendo su proceso de traducción sobre la marcha, desde leer y analizar la trama y el estilo antes de aceptar un encargo de traducción, hasta encontrar el tipo de investigación que se necesitaría. Sin duda, Valenzuela es una traductora histórica, ya que fue traductora de escritoras y escritores latinos de una de las primeras generaciones. Ella ha ido evolucionando su proceso de traducción, ya que no hay instrucciones y cada traductor lo realiza según su propio método. “Todos estos hallazgos de traducción son importantes, interesantes y curiosos de la lengua y del momento histórico que estamos viviendo”, concluye Valenzuela.
Ofelia Montelongo
Ofelia Montelongo es una escritora bilingüe mexicana con un MBA en liderazgo estratégico y una maestría en literatura latinoamericana. Su trabajo ha sido publicado en The Rumpus, Latino Book Review, Los Acentos Review y otras publicaciones. Fue editora del número “Latine Monsters” de Barrelhouse. Actualmente, Montelongo es escritora residente de PEN/Faulkner, miembro Macondista y becaria del programa Emerging Voices de PEN America. También es exalumna de Tin House, VONA y del Seminario de Key West.