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En la psicomagia jodorowskiana, nosotros somos los niños perennes a los que les envejece la piel, pero no el alma; y donde una cosa es cierta, el inconsciente es mi aliado; no le temo, ni trato de entenderle.
Cineasta de culto Alejandro Jodorowsky sólo filma lo que le da la gana y ha intentado la mayor parte de su vida escapar del comercialismo hollywoodense tan dado a corromper talentos. No es de gratis que como cineasta sólo cuente en su haber con 4 películas, entre las que se encuentran el aclamado western El Topo; considerado en su momento demasiado violento y demasiado extraño para una película de vaqueros tendientes a ser lineales y monocromáticas; con buenos, malos y temáticas simples. La Montaña Sagrada, otra gran pieza de este autor cuya temática aquí es el misticismo y la filosofía de la santidad, si es que hay un arquetipo. Santa Sangre, filme brutal en torno a la familia; el primer grupo social con el que nos relacionamos y donde nos duplicamos para bien o para mal o para las dos cosas; porque en el cine de Jodorosky no hay fórmulas, no hay sermones y mucho menos final feliz; sencillamente no hay final. Y su primera y más abigarrada pieza de celuloide; Fando y Liz, una anárquica película de amor radical en un mundo vacío de todo lo demás.
Como en toda la obra de este autor polifacético y multidimensional, “La Danza de la Realidad”es una pieza que podría catalogarse como una autobiografía imaginaria -como el mismo lo define-, y es un tipo de filme que podría entrar en la categoría del psico-realismo-mágico para ponerle una categoría a esta obra producto de los sueños; más que de los recuerdos; de la psique, más que de la realidad; y donde la memoria juega un papel fundamental en la construcción de la psique, de ahí que esté llena de símbolos y referencias oníricas. El circo, los enanos, los payasos sabios. La madre en el papel de la domadora. Los seres faltos de ética; llámese un político o un comerciante. El padre a veces villano a veces santo y salvador. Las mujeres en toda su amplia gama de caracteres y formas; desde la gorda obsesiva, a la bella tonta o la mala ingenua, los ancianos niños y viceversa, todos se dan lugar aquí, pues todos los hombres representamos una caricatura en su sentido menos peyorativo en este teatro que es la vida y cuya puesta en escena vuelve a ponerse en acción cada mañana al momento en que abrimos los ojos y cae la máscara. Porque por mucho que intentemos, la fusión entre autor, espectador y actor nunca se logra del todo. La danza de la realidad es ese baile orgánico entre la vida y la muerte, entre el azar y el destino, entre la realidad y la imaginación, entre lo material y lo intangible, entre lo que es y lo que pudo ser, entre lo que visualizamos y lo que percibimos, entre el presente y el devenir, entre el yin y el yang que en la teoría de este maestro no están separados del todo, sino que a veces se dan la mano para dar un giro y en otras dos pequeños pasos para completar con gracia el próximo movimiento.
Estrena el 30 de Mayo en el E Street Cinema. 555 11th Street, NW, Washington DC