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Andres Ballesteros recuerda cuando componía música clásica en su mente cuando era un niño, creando su propio mundo inspirado en las bandas sonoras de las películas que le encantaban.
“Música es como mágica. Puedo jugar con la magia y lanzar hechizos,” bromeó sobre su larga trayectoria en el mundo de la creación.
Hoy, tiene 35 años y es un músico clásico formado en la Universidad de Harvard, compositor y profesor, y trabaja para llevar la magia que tanto tiempo lleva cautivando a los jóvenes inmigrantes y de clase trabajadora, incluyendo a muchos de los que están en su barrio de East Boston.
Para su último proyecto creativo, “Portraits of Us,” el se unió a la cantante y compositora local Angelina Botticelli en una iniciativa de composición musical para jóvenes en ZUMIX, la organización sin ánimo de lucro dedicada a la música juvenil de East Boston.
Aunque Ballesteros solo lleva viviendo en East Boston un poco más de tres años, se ha propuesto informarse sobre los problemas ambientales a los que se enfrenta el barrio, como las emisiones de partículas ultrafinas que los aviones del cercano Aeropuerto Internacional de Logan descargan sobre los barrios residenciales.
“¿Dónde terminan todas estas industrias y fábricas contaminantes?” él preguntó. “En comunidades de minorías étnicas, en comunidades pobres,” como East Boston y sus alrededores.

Ballesteros también esta interesdado en utalizando la música para explorar la actitud del país hacia las comunidades de personas de color.
“A nosotros, los latinos, en este país se nos cuestiona constantemente nuestra pertenencia,” dijo Ballesteros, “y con la actual administración hay este mensaje que aquí no eres bienvenido. Este no es tu hogar.”
Con estas injusticias en mente, él diseña proyectos musicales en los que participan estudiantes de secundaria y universitarios.
“Una de las cosas que más me gusta de trabajar con gente joven es conseguir que valoren su propia voz, sus propios puntos de vista,” él dijo.
Compartió una experiencia migratoria similar a la de muchos de sus alumnos. Aunque hoy en día considera ese barrio su hogar, de niño se mudó muchas veces. Nacido en Kentucky, él regresó a México con su familia antes de cumplir un año y, a los siete, se mudó a Carolina del Norte.
Como consecuencia, su familia tuvo que crear una familia con gente que no tenía parentesco consanguíneo. En East Boston, dijo que la dinámica es la misma. Él ha establecido muchas conexiones gracias a su marido, Jordan, profesor de quinto de primaria en un colegio público del barrio.

Ballesteros dijo que asocia la palabra “hogar” más a las personas que a los lugares.
Él atribuye su experiencia como inmigrante a la explicación de la relación entre la voz y la ubicación. La voz se arraiga en la geografía y en lo que está sucediendo en ese lugar en ese momento.
Mientras estaba en Harvard, donde se especializó en música y cursó una asignatura secundaria de ciencias políticas, temía que la música por sí sola no bastaría para tener un impacto en la sociedad. Hoy en día, Ballesteros ha creado una vida profesional en la que combina las dos cosas. Él compone música para enseñar a sus alumnos cómo los sistemas de poder influyen en sus vidas y hasta en sus propios barrios.
Su antigua profesora, una musicóloga de Harvard, Anne C. Shreffler, que le dio clase hace más de una década, lo recordaba como alguien que sabía escuchar muy bien y que era capaz de unir a la gente. Pero fue después de graduarse y de empezar a impartir clases de historia de la música a tiempo parcial en el instituto Boston Arts Academy cuando Shreffler se fijó por primera vez en Andrés y en su capacidad para provocar un cambio.
A principios de la década de 2020, Ballesteros se planteó dedicarse a la docencia a tiempo completo, pero finalmente decidió centrarse más en la composición por cuenta propia, la impartición de talleres y colaboración como invitado con organizaciones comunitarias y escuelas, así como en los proyectos en los que trabaja actualmente.

“En cierto modo, tenía miedo,” él dijo. “No sé si me daba miedo dejar de lado un sueño o comprometerme con una sola cosa todo el tiempo.”
Al principio, la pandemia de COVID-19 le impidió organizar eventos presenciales. “Tuvimos que hacerlo todo de forma virtual para un público al que no podíamos ver, con herramientas que muchos de nosotros acabamos de empezar a aprender a utilizar, él dijo.
En 2023, cuando la pandemia empezaba a remitir, comenzó a escribir “Five Suns,” una obra musical narrativa basada en el mito azteca de la creación, conocido comúnmente como “La Leyenda de los Soles,” conservado en el Códice Chimalpopoca, pero reimaginado para el público escolar.
Tianhui Ng, director de orquesta y director musical de Victory Players, un conjunto que estrenó “Five Suns” en el Centro Cultural Verónica Robles de East Boston el 20 de marzo, dijo que “‘Five Suns’ pretende, de forma deliberada, acercar a los jóvenes a culturas más allá de las antiguas potencias coloniales de Nueva Inglaterra para dar voz a los pueblos de los lugares que en su día fueron colonizados.” La actuación incluyó la interpretación de Verónica Robles y una proyección de vídeo animado creada por Mario Martínez.
“Andrés tiene la capacidad de crear un espacio seguro en el que estos jóvenes se sienten escuchados y para poder hacer preguntas,” dijo Ng en referencia a la capacidad de Ballesteros para conectar con los niños y jóvenes.
Botticelli, antigua alumna de Ballestero y hasta hace poco su compañera de docencia, tiene una opinión similar sobre él.
“Siempre ha sido un profesor que me ha transmitido una gran sensación de seguridad,” dijo Botticelli. “Un espacio libre de juicios, donde podía aprender con la mente y el corazón abiertos, sin sentir que tenía que tenerlo todo bajo control desde el primer momento.”
Visita la página web de Ballesteros para saber más sobre su trabajo.
— Artículo de Marvin Juarez
— Revisión editorial a cargo de Channing Matha y Valerie Izquierdo
— Traducción de Sabrina Femino
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