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Nos encontramos a mediados del mes hispano, y como ya saben queridos lectores, en Hola Cultura nos interesa mucho el arte publico, particularmente los murales. En esta ocasión les tenemos una nota en torno a un mural muy poco conocido a pesar de que se pintó a mediados del siglo XX por un artista latino. The Death of Colonel Shaw at Fort Wagner, pintado por Carlos López. Un poderoso mural que retrata un momento en la historia del país.
Hablando de murales, el día 22 de octubre tenemos una charla en torno al muralismo en el Festival Center, muy pronto tendremos más información para ustedes tanto aquí como en nuestras redes sociales, sigan conectados.
En Washington D.C. no solo existen murales de arte público en las calles. También hay otros, escondidos dentro de edificios públicos que, con el paso de los años, se han vuelto inaccesibles. Antes bastaba una credencial para entrar a estos edificios y admirar las obras dentro. Hoy las restricciones, las alarmas y la obsesión por la seguridad han terminado por encerrar también algunas obras de arte.
Una de ellas es The Death of Colonel Shaw at Fort Wagner, pintado en 1943 por Carlos López para el edificio del Recorder of Deeds (515 D Street NW). Una obra concebida como arte público que, paradójicamente, pocos pueden contemplar hoy en día. -Se habla incluso de tirar el edificio, aunque no han dicho aún que harán con el mural.
Carlos López nació en La Habana en 1908, pasó parte de su infancia en España y emigró a Estados Unidos a los once años. Se formó como artista en Detroit y Chicago y, durante los años del New Deal, recibió varios encargos para realizar murales en Illinois, Michigan y Washington. Fue uno de los pocos artistas latinos vinculados a aquellos grandes proyectos de arte público. Su pintura, realista y minuciosa, prefería mirar hacia la gente común: obreros, agricultores, pioneros, trabajadores y gente común.
En el mural de Washington, López recrea el asalto de 1863 a Fort Wagner por el 54.º Regimiento de Massachusetts, una de las primeras unidades oficiales de soldados afroamericanos del Ejército de la Unión. En medio de la batalla aparece el coronel Robert Gould Shaw, muerto entre sus propios hombres. Pero la verdadera fuerza de la pintura está en ellos: los soldados negros que avanzan luchan y caen entre caballos, armas, gritos y humo. Después de la batalla, Shaw fue enterrado junto a sus soldados negros en una fosa común, un gesto que pretendía ser una humillación. Con el tiempo, aquella tumba compartida terminó convirtiéndose en un símbolo de otra cosa. López entendió esa contradicción y la llevó a su mural: no separó al coronel de sus hombres. Los dejó unidos en la violencia, en la lucha y en la muerte. Quizás por eso resulta tan extraño que esta obra permanezca hoy casi invisible. Un mural sobre hombres que lucharon por ser reconocidos ha terminado escondido detrás de las puertas de un edificio público.
Washington está llena de monumentos y estatuas que señalan hacia el cielo, y la grandeza de la historia. Sin embargo, este mural latino, quizá uno de los más antiguos de la ciudad, permanece encerrado entre paredes, como muchas verdades en nuestra ciudad capital, claro. The Death of Colonel Shaw at Fort Wagner es un homenaje a la comunidad afrolatina, pero también su última y más incómoda metáfora: los hombres del 54.º regimiento siguen combatiendo, pero ahora en contra el olvido; encerrado entre paredes, como si estuviera esperando que alguien volviera a reconocer su importancia en la historia.
Alberto Roblest
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