By hola | Published | No Comments
Un saludo cálido a todos nuestros lectores después de unos días gélidos y oscuros de un tiempo triste. En esta ocasión tenemos para ustedes un cuento de Ramiro María Miralles, basado en una de esas leyendas antiguas que se dejan escuchar en los pueblos.
– Juan…- dijo agitadamente con sus infantes ojitos. -Estamos perdidos, Juan…
La noche se comía el camino delante de ellos, y el impenetrable y sus yuyos eran sus dientes. Juan continuaba caminando, sin querer admitirlo.

-Cálmate, ya vamos a encontrar de nuevo el camino. ¿No habías dejado marcas?
-El viento se las llevó.
Juan lo miró con bronca. Él, simplemente, no detectaba la vergüenza, había un impulso más fuerte: el miedo. El viento, como sintiéndose atacado porque le echaban responsabilidad, rugió más fuerte. Un manto de tierra cayó en los ojos de Juan, que iba al frente. De pronto, entre el sonido de las cigarras, y quién sabe cuántas sabandijas más, dos leves ruidos volaron a sus oídos.
-Escucha- le dijo feliz… ¡Perros! Sigamos caminando, seguramente más adelante hay una casa.
– ¿Y si nos quieren comer Juan?
Juan siguió caminando, sin miedo (pretendía) y sin contestar. La liviandad de hermano mayor cayó sobre él, y tomó su pequeña mano:
– ¿Querés que te cargue? -. Al terminar, entre la oscuridad del monte, vio dos ojos cuadrados y se estremeció. Después entendió que era una casa, y se alegró. Ambos comenzaron a correr, y sus oídos chocaban con los ladridos y aullidos que los perros daban. Al llegar a la tranquera, los ladridos los atormentaron.
-Juan, ¿Y si nos comen?
-Esta vez, sí miró a su hermano.
-Grita Antonio, ayúdame a gritar.
Ambos vaciaron su viento al aire:
– ¡Ayuda! ¡Ayuda por favor!
Los perros y sus gritos tejían una atmósfera desgarradora.
– Escucha Negro. – Le dijo Gloria mientras apagaba la pava para oír mejor. – Otra vez los fantasmas del campo; hoy gritan afuera.
Negro se levantó de su silla, se asomó a la ventana y escrutó solo su propio reflejo. Los gritos de ayuda no paraban.
-¡Pobres almas!-. Entonces apagó la luz, y la oscuridad entró por la ventana, dejando la noche sola.
Ramiro María Miralles
Nací en Mendoza. Conocí mi gusto por la lectura a muy temprana edad y, desde entonces me ha acompañado desde siempre. Actualmente, estudio cuarto año de cine en la Universidad Juan Agustín Maza en Mendoza. Mi cuento, El Túnel del Mar, publicado por la Revista Kametsa el año pasado, fue mi primer paso a la publicación. @ramiro_miralles
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