By hola | Published | No Comments

El acordeón resuena, la gente zapatea, levanta polvo del piso, la música tejana revienta en las bocinas, las parejas dan vuelta, los hombres se quitan el sombrero; es el “flaco” Jiménez, uno de los más grandes maestros del acordeón. Ahora el “flaco” mira a la multitud bailar y sonríe, mueve su instrumento de un lado, lo jala, lo aprieta, lo vuelve hacer sonar. En esta fotografía se ve al “flaco” en dos momentos; en el primero observa a su público y en el segundo pone los dedos en el teclado del acordeón que empieza a sonar para que la gente empiece a gritar y a bailar y a moverse en sus lugares silbando y cantando con el “flaco” sus canciones favoritas. Es una imagen única que va más allá de la doble exposición y captura los dos momentos de la música, los dos momentos del intérprete que entra en contacto con su instrumento para lanzar lindos acordes qué hacen reír a las personas y ser feliz. Para los que no sepan, el “flaco” es uno de los músicos chicanos más importantes de los Estados Unidos, ha tocado con Ray Cooder, Bob Dylan, los Rolling Stones y Carlos Santana. Fue parte de los Texas Tornados y uno de los primeros en entrar a la industria de la música estadounidense, 
La segunda adquisición, adquirida gracias al Smithsonian Latino Center qué podemos ver en el museo de la fotografía de DC, es una pintura en acrílico hecho en aerógrafo sobre papel, de Gaspar Enríquez que tiene dibujado al maestro Luis Jiménez fallecido en 2006. –A pesar del apellido ambos artistas no están emparentados-. Luis Jiménez, quien construyó monumentales piezas de fibra de vidrio ideales para espacios públicos es un maestro del pop, este artista tejano introduce temas propios de su tierra y los explora de manera monumental. En sus piezas el cowboy tiene un sitio privilegiado, al igual que los escenarios particulares donde este se mueve; caballos, coyotes, cactus. Para ver una de sus piezas, sólo falta darle un poco la vuelta al Museo del Retrato de nuestra ciudad donde usted podrá ver a este vaquero montando en un caballo que relincha levantando las patas; el vaquero jala la cuerda y tiene el sombrero en la mano y grita feliz de la vida porque él y el caballo son uno mismo.

Alberto Roblest