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La historia que se cuenta

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Rededication of the Mural at 18th and Columbia Rd. NWFuimos saliendo poco a poco del cráter aquel donde alguna vez había caído un gran frijol. Éste era el sitio, de acuerdo a las estrellas y al presagio. Con mochilas atadas a nuestras espaldas, cobijas enrolladas, con familias. Con la cara manchada de humo y lodo, como si quisiéramos esconder nuestras facciones… Primero fue uno. Después del fondo surgieron cientos. Huíamos de la guerra, el terror y el hambre. Había sido un largo viaje, por túneles oscurísimos, vías sin fin y lugares áridos donde el sol nunca se metía, quizá por nuestro temor a la noche; a sus gritos y a sus lamentos. Éramos pobres, eso decían nuestras ropas, nuestras maletas sin fondo, nuestras miradas huidizas. Con nada más que nuestras dos manos para sobrevivir…Escondidos, escondimos. Este era otro país, otro idioma. Nos costó mucho trabajo descifrar el vocabulario con el que en esta parte del mundo se moldeaban las cosas a nuestro entorno y se construían los edificios y las calles. Escondidos, escondimos. Supimos que el gran frijol había sido llevado al Smithsonian, que aquel lugar era Adams Morgan y que veinte, treinta años después éramos, parte de una ciudad donde se celebraba la independencia, se prohibía la discriminación y el sueño era posible y sin balas. Poblamos con nuestra risa, con nuestra música y decoramos las paredes con el color donde ésta historia se contaba.

 

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“Un pueblo sin murales es un pueblo desmoralizado/A People Without Murals is a Demoralized People” mural por Carlos Salazar y la comunidad. Foto © Rick Reinhard

* Arriba: detalle de mural