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Un mundo sin escritura manuscrita

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El escribir es una de las funciones del lenguaje, quizá una de las más importantes. La práctica de la escritura permitió el desarrollo de la historia, la religión, el arte y la educación, entre otras muchas disciplinas; la evolución del cerebro humano está fuertemente relacionada a esta práctica.

¿Cuál es la asociación? La actividad mecánica de la escritura estimula muchos más circuitos neuronales y promueve un mejor aprendizaje, memoria y creatividad en comparación con la mecanografía. Afirman los expertos que la conexión entre la mano y el cerebro es única, es una conexión intrínseca que conecta la acción de los dedos con la pluma de la que van saliendo figuras, minúsculos anagramas, pequeñas glifos, o letras, como se les llamarían después. Letras que forman oraciones, párrafos, e historia.

¿Qué hubiera pasado en un mundo sin escritura? El ser humano y la civilización no existirían.

Esto viene a colación ante las alarmantes noticias de que algunos niños no saben escribir con la mano, de que algunas escuelas han prohibido el uso de cuadernos y lápices, y de que las nuevas generaciones, ante el impulso de las tecnologías, están olvidado, o no saben muy bien usar el lenguaje manuscrito.   

El arte de usar nuestras manos para comunicarnos de forma escrita nació desde el inicio de los tiempos. Recordemos los jeroglíficos de las culturas prehistóricas, las tablillas, los códices, e incluso, los murales en las cuevas de Lascaux y de Altamira, por poner un ejemplo.  Seguramente ese primer artista quería contar una historia, comunicarnos algo, aunque quizá todavía no tenía abecedario, y posiblemente tampoco vocabulario.

Hace 5.500 años, los sumerios, considerados la primera civilización occidental, fueron los primeros en desarrollar una escritura cuneiforme, aunque no fueron los únicos, de acuerdo con nuevas investigaciones. En China hubo también un tipo de lenguaje escrito y en las Américas los Incas y los Mayas, entre otras civilizaciones mesoamericanas, inventaron sus propias formas, aunque todos los lenguajes se basaron en símbolos, imágenes, e ideogramas. A los artistas de la escritura se les llamó: escribas, “los de la mano mágica”. Aseguran los académicos que la civilización humana sin la escritura sencillamente se hubiera colapsado.

 Aplaudimos la iniciativa del estado de California de hacer obligatorio del primero al sexto año de escuela el uso de la letra manuscrita y desde mediados del año pasado los estudiantes tienen la clase de “Cursiva”, esto es, se les enseñan a escribir a mano. Escribir a mano es un arte, fue un arte y continuará siendo un arte. Al principio cuesta adaptar los dedos, y por lo menos toma unos años antes de que el niño empiece a coger el lápiz o la pluma por sí mismo y empiece a trazar sus primeros garabatos tratando de escribir su nombre, después los nombres de los miembros de su familia, después describir su entorno y a sí mismo. La letra manuscrita fue la forma analógica de preservar nuestro pensamiento y nuestra historia. No hay nada como ver el gusto en los ojos del niño al notar que de sus manos salen una serie de símbolos que significan su nombre, ese el momento del primer aprendizaje, el momento cuando el hombre se separa del mono para siempre. Los asiáticos tienen ejercicios con los dedos para combatir el Alzheimer, dado que los dedos se conectan a los diferentes lóbulos del cerebro y permiten activar ciertos nervios y partes que se “iluminan”, resulta un ejercicio no solamente mecánico sino psicológico.

Escribir a mano 1

En otros términos, la palabra que se construye a mano establece un vínculo con el cerebro, y esa conexión es fundamental para el conocimiento dado que no sólo amplia la red de regiones cerebrales, incluyendo la corteza motora, la corteza visual y los centros del lenguaje. Esto es, hay un vínculo digamos que mecánico entre los músculos de los dedos y la mano, que se conectan con los músculos del cerebro. La otra conexión es intelectual, de tal forma que al trazar la mano la información que está recibiendo del cerebro y viceversa, a está retroalimentación se le llama aprendizaje y a la acumulación de este se le llama conocimiento.  El aprendizaje por supuesto viene de la repetición de la misma actividad varias veces. Así fue como aprendimos las letras después las vocales y después a organizar nuestros pensamientos a través de la escritura.

Escribir a mano es un placer y una actividad que todos los humanos deberíamos de aprender, por aquello de que algún día nos quedemos sin electricidad, o sin internet… Y no sólo por eso, sino porque escribir a mano es una actividad que todavía las computadoras no hacen pues les cuesta trabajo a los robots, así que, si nosotros continuamos escribiendo a mano, a lo mejor eso podría ser nuestra salvación en el futuro.


Alberto Roblest